
He asistido el pasado fin de semana en París a un seminario junto a varias decenas de periodistas que abordamos asuntos migratorios. Más allá de esas jornadas, el debate sobre la identidad que mantienen abierto los franceses me parece no sólo interesante sino necesario.
Creo que no hace falta ser sociólogo o adivino para entender que muchas de las noticias que en ese sentido se producen en nuestro vecino del norte las viviremos a continuación en España, en plena explosión (in)migratoria. En eso Francia nos lleva ventaja, sobre todo porque la diversidad de origen de sus ciudadanos, de sus colores de piel y de su religión viene de muy atrás.
Mathy Mendy (arriba), hija de senegaleses, nació en Bobigny, en las afueras de París, hace veinte años. Se licenciará este curso en Historia por la Sorbona y sueña con ser periodista.
Mientras tanto Mathy es una de las redactoras del Bondy Blog, nacido en 2005 durante los disturbios en los alrededores de la capital con la intención de convertirse en ariete de la realidad que muchos medios de comunicación tradicionales desconocían. Hoy este blog es una referencia.
Pues a pesar de todo, las caricaturas aún persisten en Francia. Me cuenta Mathy que todavía hay gente que le dice “señorita, pero qué bien habla usted francés”. Y ella responde sin odio, “claro, es que soy francesa”.











A simple vista, cada vez son más los marroquíes que ponen a la venta sus casas en la norteña Arcila, casi más conocida por su denomicación a la francesa: Asilah.



