20 Noviembre 2009

Camellos en la playa de Karachi

Cinco de la tarde, la playa de Karachi presenta un ambiente animado. Familias y jóvenes acuden cada atardecer a este lugar para despedir al sol, pasear en camello o caballo, cenar algo en los chiringuitos o simplemente caminar sobre la arena. Más que arena se trata de una especie de lodo de color negro sobre el que los pies se levantan con dificultad. Los lugareños se excusan de la suciedad y echan la culpa a un buque petrolero griego que, como el Prestige en Galicia, perdió su carga en la bahía de la capital ffinanciera paquistaní hace varios años.

Entre camellos, caballos, encantadores de serpientes, y domadores de monos, la playa hace también las veces de zoo urbano. Los extranjeros no suelen acercarse por aquí, prefieren las playas privadas situada al más al sur y que están bien limpias y aptas para el baño. Aquí nadie se baña y eso que, aunque sea noviembre, la temperatura es propicia para pegarse un chapuzón. Sólo los camellos se atreven a meter sus patas en la orilla. Resulta increíble experimentar la paz y calma que transmite este mar, justo en la otra punta de lugares como Waziristán del Sur, sobre cuya guerra escribimos cada día sin haber puesto nunca un pie allí.

Islamabad es el centro político, Lahore el cultural y Karachi el económico. Esta ciudad de más de doce millones de habitantes es una especie de Bombay a la paquistaní. La popular Benazir Bhutto tenía aquí su cuartel general y su partido, el PPP (Partido del Pueblo de Pakistán), es el más popular. Camino de la playa se pasa por una de sus casas en la capital, de la que sólo se ve la enorme muralla que le rodea.

“Mister, mister, 50 rupee”, gritan los camelleros una y otra vez. El negocio no parece pasar por sus mejores momentos. Los atentados no llegan a Karachi, la ciudad más al sur del país, de momento se están centrando en Peshawar, capital de la NWFP (siglas en inglés de Provincia de la Frontera Noroeste). En Karachi también hay una bolsa importante de pastunes, pero las autoridades aseguran que la situación está bajo control. “Son unos locos, siempre había pensado que en el fondo tenían algo de razón en su lucha, pero esa idea ya va desapareciendo de mí y de todos los pastunes”, lamenta un joven de Peshawar con negocios en Karachi que no puede creerse lo que está sucediendo estos días en su ciudad. Siete atentados han golpeado la principal ciudad pastuna del país en las últimas dos semanas y sus autores han sido también pastunes, la etnia de los habitantes del cinturón tribal.

Baja el sol. Menos rojo de lo esperado por culpa de la bruma y de la contaminación en el aire. Los precios de los paseos en camello bajan a la misma velocidad que el astro rey, pero el extranjero se resiste. Con tanta cámara a cuestas no debe ser fácil subirse, mejor precaución. A la salida el Goretex de las zapatillas ha cumplido su trabajo, pero el olor es intenso. Camino y camino por el malecón, pero el hedor no desaparece, creo que será el su último viaje.

servido por salamagur sin comentarios

20 Noviembre 2009

Musharraf, el "padre" de la libertad de prensa

¿Cuál es principal legado del general Musharraf? “La libertad de prensa en el país, no hay duda. Aunque luego, los mismos medios a los que dio licencia fueron quienes le echaron del poder”. El senador Mushahid Husein lo tiene claro. Antiguo Ministro de Información entre los años 1997 y 1999, su reciente y prolongada vinculación al ex presidente Musharraf contrasta con un pasado que le llevó a permanecer 440 días en prisión por oponerse al golpe militar que le dio el poder, lo que le valió ser considerado ‘preso de conciencia’ por Amnistía Internacional. Ahora ocupa su asiento de senador y viaja por medio mundo hablando del conflicto de Cachemira o del cambio climático. Un auténtico ejemplo de supervivencia dentro de la cúpula del sistema.

En una entrevista que le realicé el pasado 21 de enero en el cuartel general de su partido, justo antes de las elecciones, me confesaba que “Musharraf debe actuar como el gran padre de la nación capaz de lograr la unión entre partidos, como lo hemos hecho en los últimos años. Hoy el ex general está fuera del país.

Redacción central de GEO en Karachi.

En el canal GEO, sin embargo, no tienen la misma opinión y aquí nadie olvida los tres meses que permanecieron sin derecho a emitir y en los que las instituciones retiraron toda la publicidad de sus cuatro periódicos. Nacido en 2002, se convirtió en la segunda cadena privada de Pakistán y debido a su gran éxito hoy cuenta con cuatro canales y forma una de las piedras angulares del grupo de comunicación al que pertenece. 17.000 profesionales trabajan para el grupo cuya sede central está en el distrito de Chundiagar de Karachi, “una especie de Wall Street a la paquistaní”, explica la directora del grupo Geo TV Network y Jang, Fariha Razak Haroon.

GEO está integrada en el grupo de comunicación de los diarios The Jang, el más importante rotativo en urdu de Pakistán, y The News, en lengua inglesa, y los responsables de la cadena aseguran con orgullo que cuentan “con un reportero cada cinco kilómetros y una oficina en cada distrito del país”.

El 3 de noviembre de 2007 el presidente Pervez Musharraf canceló las emisiones de todos los medios nacionales privados y de cadenas internacionales como BBC o CNN en nombre de la “seguridad nacional”, después presentó un nuevo código de conducta para la prensa que obligó a firmar a todas las empresas informativas para poder seguir funcionando. De los dieciséis puntos fundamentales de este nuevo código ético, uno sobresalía sobre los demás: “no se emitirán informaciones que dañen la integridad de las Fuerzas Armadas”. El Ejército es, sin duda, el principal poder fáctico del Pakistán actual.

GEO se negó a firmar este código y apeló a la Corte Suprema, pero la inestabilidad en el país y los cambios efectuados por el Presidente en el órgano judicial –cuyo magistrado jefe, Iftikhar Chaudhry, permaneció una larga temporada en arresto domiciliario- provocaron que el caso se dilatara en el tiempo y GEO desapareciera del cable.

Credibilidad, crítica, independencia… todo son buenas palabras. Y a la hora de preguntar sobre la ofensiva en Waziristán del Sur, “no tenemos ningún problema. Tenemos corresponsales en la zona y también entramos cuando el Ejército nos permite acompañarles en las misiones”, asegura Fariha. La operación se alarga, la respuesta en forma de atentados está siendo brutal (cerca de 500 muertos desde el pasado 1 de octubre) y sólo los partes militares informan de cómo avanza el tema. La verdad oficial es la que vale en este caso “porque estamos todos con el Ejército, sin fisuras”, aseguran desde este canal acostumbrado a otro tipo de periodismo, pero que en el caso de Waziristán ni lo intenta.

servido por salamagur 1 comentario

18 Noviembre 2009

El padre periodístico de los talibanes

Ahmed Rashid lleva toda una vida dedicado a la yihad. La publicación de ‘Los Talibán’ dio a conocer al mundo un problema que pocos meses más tarde estalló en las manos de Occidente y que ocho años después sigue vivo. Casi treinta años de especialización le convierten en una de las voces más respetadas del mundo sobre yihadismo y sus tres libros, especialmente ‘Los Talibán’, traducido a 26 idiomas, se han convertido en manuales básicos para entender el momento actual en la zona. Visitar su despacho, es como visitar el laboratorio donde las grandes firmas investigan sus medicamentos milagrosos. Lectores de medio mundo esperamos sus análisis y reflexiones para intentar encontrar la luz en la compleja situación que atraviesa la región. Las paredes llenas de libros, fotos y recuerdos de una trayectoria marcada por un tema del que Rashid ha hecho una forma de vida.

Ahmed Rashid, en su despacho de Lahore.

En una habitación cuadrada e independiente de su casa, recibe a su visita mientras trata de solucionar un problema informático. Además se ha ido la luz en su barrio y está nervioso porque necesita imperiosamente enviar un correo. “¿Cuántas preguntas tienes?”, pregunta mientras sostiene el teléfono en una mano y habla con la compañía telefónica que le proporciona Internet. “¿Café con leche, no?” Uno de los criados trae el café, el señor Rashid se sienta frente a su entrevistador y le pide que empiece.

Escribe tanto y concede tantas entrevistas que sus respuestas resultan mecánicas. Nada le sorprende. Sabe lo que los occidentales buscamos y cada testimonio es un titular en potencia. “¿Hablas pastún?”, le pregunto intentado romper el ritmo de respuestas. “No, ¿por qué lo preguntas?”, responde con una curiosidad que antes no había mostrado y matiza que “con el uso del urdu es más que suficiente, lo entienden bien en toda la región”.

Dejando el idioma de lado, defiende el incremento de tropas en Afganistán para impedir que aquello vuelva a ser una amenaza para el resto del mundo, exige a las autoridades de Pakistán una mayor implicación ya que “los grandes líderes talibanes siguen siendo intocables” y se muestra “decepcionado” con la reelección de Hamid Karzai, un amigo personal que con el paso de los años se ha ido distanciado y que ahora se encuentra “en una encrucijada entre la presión de su pueblo y la de la comunidad internacional”.

A los diecinueve minutos, Rashid corta la entrevista para saber cuántas preguntas quedan. Una más. 25 minutos, final. El autor de ‘Descenso al caos’, casado con una española, quiere saber dónde vivo y le respondo que en un pequeño pueblo del País Vasco donde, por cierto, se puede encontrar su último libro. “Magnífico, una buena noticia”, asegura mientras vuelve a su sillón y se dispone a enfrentarse a la batalla informática.

servido por salamagur 1 comentario

17 Noviembre 2009

La guerra invisible de Waziristán

La escuela de periodismo más importante de Pakistán se encuentra e Lahore. Trece mil alumnos asisten cada día a clase en el Instituto de Comunicación de Lahore, el setenta por ciento mujeres. De sus aulas han salido los profesionales que hoy trabajan en el nutrido panorama periodístico nacional que “registró un auténtico boom gracias al general Musharraf, que autorizó los medios privados”, recuerda el doctor Ahsan Akhtar Naz, director de la institución.

Biblioteca. No importan los carteles porque las mujeres aquí son mayoría.

Canal de televisión propio, estudios de radio, platós, salas de edición… no falta de nada. Pakistán cuenta con 75 canales privados, la mayor parte en urdu, lo que hace que “apenas el 0,05 por ciento de la población sigue las cadenas extranjeras, sólo las clases más altas”, según el doctor Naz quien piensa que “la imagen que las grandes cadenas como BBC o CNN ofrecen de nuestro país es equivocada, desde los sucesos del 11S nos muestran como un estado terrorista y eso es mentira”.

En el campus se respira periodismo. Chicos y chicas repasan periódicos sentados en los jardines, subrayan titulares, preparan sus textos para el programa de radio (cuatro horas diarias) y se acercan con curiosidad al extranjero para preguntarle su opinión sobre Pakistán y la guerra contra los talibanes en Waziristán del Sur. “Venceremos y saldremos adelante, somos un país fuerte”, aseguran algunos de los alumnos de forma espontánea.

Una guerra de la que todos hablan, pero de la que hay muy pocas noticias. El silencio informativo impuesto por Islamabad hace que los medios sólo publiquen los partes militares, algunos testimonios de los desplazados y las reacciones que los portavoces talibanes realizan por teléfono. No hay cámaras sobre el terreno y el acceso a la zona, al igual que ocurrió antes del verano en Swat, está prohibido para medios locales y extranjeros. “Es una censura a favor de la seguridad nacional y hay que respetarla. Sólo trabajaremos con el visto bueno del Ejército”, defienden los responsables del Instituto de Comunicación.

Clase de Comunicación Visual a punto de empezar.

El doctor Naz justifica la censura oficial argumentando “lo complicado de la problemática en la zona tribal. No se trata de una guerra regular y para poder entender un conflicto de guerrillas hay que pasar tiempo sobre el terreno. Si no lo dominamos los propios locales, ¿qué van a aportar los extranjeros?”, se pregunta.

La ofensiva contra Waziristán del Sur se inició a mediados de octubre y su objetivo es acabar con el cuartel general de Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP), un entramado de grupos yihadistas que mantiene en jaque al gobierno central a base de fuertes atentados. Barack Obama pretende ir un poco más lejos y, según la carta que envió al presidente Zardari y cuya existencia desveló The New York Times, pide “reorientar y extender” esta guerra para acabar con el resto de grupos talibanes que se refugian en suelo paquistaní, pero luchan en Afganistán. Dos agendas diferentes que Washington insiste en unir en lo que han bautizado como “Af-Pak”, pero que Islamabad no acepta.

El profesor y columnista Mughees-uddin.

“El país está en llamas, la economía parada. Somos las primeras víctimas de esta guerra contra el terror. Los que antes eran llamados por sus medios ‘luchadores por la libertad’, ahora se han convertido en ‘terroristas’. A nuestra gente le está costando aceptar el cambio, pero ahora sabemos y aceptamos que tenemos talibanes paquistaníes y los estamos combatiendo. Ese debe ser nuestro objetivo. Afganistán no es nuestro problema”, asegura el profesor Mughees-uddin, que compagina su labor académica con la redacción de artículos de opinión.

En Pakistán no hay debate. El gobierno lo tiene claro y los medios, de momento, respetan las directrices oficiales. Ni la presión americana, ni las promesas de ayudas consiguen variar la actuación de un país que, aunque valora de forma positiva la actitud de Obama, no termina de confiar en la palabra de Estados Unidos y teme volver a quedarse solo frente a los extremistas.

servido por salamagur 2 comentarios

16 Noviembre 2009

Bienvenido al país de los puros

Las líneas aéreas de Pakistán (PIA) unen desde hace varios meses España con Pakistán de forma directa. Casi ocho horas de viaje, sin necesidad de escalas, a bordo de un Airbús 310, viendo cine indio y comiendo curry picante. El vuelo del domingo salió con dos horas de retraso de Barcelona. “No hay un asiento libre”, me informa el caballero del mostrador de facturación mientras se pelea con otros cinco pasajeros que intentaban llevar como bultos de mano grandes bolsas de plástico transparentes con mantas en su interior. Finalmente no pasaron.

Orden en la cola de facturación en la T2 Barcelona.

Fila 21. Pasillo. A mi lado Daud regresa a casa tras diez años de peregrinación por Polonia, Francia y España. “Voy a firmar un papel muy importante”, me confiesa en un perfecto español mientras se coloca sus auriculares para seguir la película de turno. La cinta se corta al rato porque llega la hora de la cena.

En lo que dura la típica interminable película termino ‘La jaula de oro’, el último y más brillante libro de Shirin Ebadi, en mi opinión. Los azafatos no paran de pasar con sus carros ofreciendo agua y refrescos. Daud les llama cada vez que su taza queda vacía y pide té tras té.

“Tengo un mes para purificarme”, confiesa. Es propietario de un locutorio en “desde el que se ve la playa” y en el que por culpa de la crisis sus ingresos han caído de “unos nueve mil euros al mes, a unos dos mil”. Le esperan sus padres, hermanos y demás parientes y para ellos lleva infinidad de regalos de Barcelona. “No quiero vivir en Pakistán porque no hay seguridad”, repite una y otra vez.

La película se corta de nuevo y el capitán avisa que entramos en zona de turbulencias. El mapa muestra a nuestro avioncito sobrevolando Afganistán y entrando a Pakistán por el norte. Un lugar realmente turbulento.

“¿Estás casado?” Me pregunta al ver mi anillo de oro blanco. “Yo me casé con una polaca y tenemos una niña de cuatro años. Nos queremos mucho, pero España es un país muy peligroso. Las mujeres españolas me acosan, me persiguen hasta el locutorio y ahora tengo dos novias, dos rollos paralelos a mi matrimonio con los que tengo que romper lo antes posible”, relata sin esperar a mi respuesta.

Peshawar, Islamabad y Lahore aparecen frente a nosotros en el mapa y el Airbús inicia el descenso. Tras varias maniobras bruscas, “no encuentra la pista o qué”, protestan en la fila de adelante, el aparato toma tierra. “Bienvenidos a Peshawar”, informa la azafata para enfado general de un pasaje que no entiende nada. A las dos horas de retraso en Barcelona, habrá que sumar ahora esta escala imprevista en Peshawar, una ciudad que sufre casi un atentado diario desde el pasado mes y cuyo nombre saca de quicio a más de uno que pide que saquen el avión de allí cuanto antes. Un cordón policial rodea el aparato y el capitán informa que debido al exceso de niebla en Lahore hay que esperar.

Caos en la recogida de maletas en Lahore.

Pasada una hora y media volvemos a ponernos en marcha. 45 minutos después llegamos a Lahore y nada más pisar las ruedas la pista la gente se levanta de sus asientos. Algunos como Daud llevan muchos años esperando este momento y las seis horas de retraso acumulado son demasiado para obedecer las órdenes del personal desbordado de PIA. “Bienvenido al país de los puros”, se despide Daud estrechando mi mano e invitándome a acompañarle a su pueblo, a dos horas en coche de la capital del Punjab. Otra vez será.

servido por salamagur 2 comentarios

15 Noviembre 2009

Irak, las elecciones más reñidas del mundo árabe

La posguerra iraquí avanza hoy más que nunca a la sombra de Afganistán y Estados Unidos parece tener prisa por salir del país árabe y centrarse de lleno en lo que Barack Obama define como su «prioridad» en política exterior. Tras unos años caóticos, Irak quiere iniciar el camino de la normalización y, si no hay cambios de última hora, el próximo 23 de enero acudirá a las urnas para elegir su Asamblea Nacional por segunda vez desde la caída de Sadam Hussein. Unos comicios que se celebrarán bajo la amenaza de la violencia y que estarán regidas por una nueva ley electoral aprobada 'in extremis' esta misma semana. Unas elecciones en las que tras el boicot de las principales formaciones suníes en 2005 se presenta como una batalla muy reñida entre los partidos y figuras de las distintas sectas y etnias del país que esta vez sí estarán presentes.

Después de varios meses de relativa calma, dos macroatentados devolvieron a Irak a las portadas. En agosto y octubre más de cuatrocientas personas perdieron la vida tras distintos ataques terroristas en la provincia de Nínive y en Bagdad. Dos acciones que sembraron las dudas sobre la capacidad del país de celebrar unos comicios y el futuro de su seguridad sin presencia de fuerzas americanas, cuya salida definitiva está marcada para finales de 2011. En medio de los atentados, el debate entre las diferentes fuerzas políticas buscaba un consenso para poder acudir a las urnas. Dos eran los puntos polémicos: la naturaleza cerrada de las listas, lo cual favorece al sectarismo según sus detractores, y el voto en la norteña provincia de Kirkuk, centro de disputas entre kurdos, árabes y turcomanos. Con tres semanas de retraso respecto al plazo inicial y tras la presión del embajador de Estados Unidos, Christopher Hill, y de la ONU, se solventaron las diferencias y los iraquíes se preparan para lo que Occidente califica de «las segundas elecciones libres de su historia».

«Los americanos quieren salir cuanto antes para centrarse en la misión afgana, estarían incluso dispuestos a acelerar los plazos marcados por el plan firmado por la anterior Administración», aseguran fuentes diplomáticas desde Bagdad. Pero, al igual que ha ocurrido en Afganistán con las recientes elecciones, un proceso democrático se presenta indispensable para ofrecer al menos la ansiada imagen de estabilidad y normalidad. «Se trata de un hito importante ya que los iraquíes siguen tomando la responsabilidad de su futuro», se apresuró a declarar Obama nada más conocer una noticia que le permite seguir soñando con reducir los 120.000 soldados actuales a los 50.000 que tienen previsto permanecer en el país a partir de agosto del próximo años.

Aunque su nombre no resulta tan familiar como los de Bagdad o Basora, Kirkuk se ha convertido en el centro de los problemas en el Irak del siglo XXI. Situada a menos de trescientos kilómetros al norte de la capital, turcomanos, árabes y kurdos se disputan la hegemonía sobre una provincia en cuyo subsuelo hay importantes reservas de crudo. En los años sesenta y setenta sufrió un proceso de arabización por parte de Sadam, pero en los últimos años han sido los kurdos los que han repoblado la zona para intentar convertirla en la cuarta provincia de su región autónoma.

Sus ciudadanos acudirán por primera vez a las urnas y sus votos serán seguidos de cerca por un comité especial de Naciones Unidas que intentará velar por el equilibrio interétnico. Una «solución temporal», según los principales medios iraquíes, que los kurdos han recibido como una primera gran victoria para su causa ya que el censo utilizado será el realizado en 2009, no el de hace cinco años, tal y como reclamaban los líderes árabes.

Guerra civil

El fantasma de la guerra civil sigue muy presente en la sociedad y se espera que con el cambio a las listas abiertas se favorezca un sistema alternativo al de los grandes bloques religiosos y étnicos que mantienen polarizado al país. Las alianzas y pactos no cesan en Bagdad, unos de marcado carácter laico como el Movimiento Nacional del ex primer ministro Iyab Alaui, otros con la religión como bandera como la Alianza Nacional formada por los grupos chiíes en torno al Consejo Supremo Islámico, y otros con las reivindicaciones nacionalistas en primer lugar como los integrantes del bloque kurdo.

«Se trata de las elecciones más reñidas y divertidas de todo el mundo árabe; el proceso será muy disputado», destaca un diplomático europeo que además de los normales juegos políticos internos piensa que la clave estará en «la postura que tomen los grandes agentes extranjeros en el país: Estados Unidos, Arabia Saudí y, sobre todo, Irán».

servido por salamagur 4 comentarios

14 Noviembre 2009

El secuestro exprés llega a Afganistán

HERAT. Como todos los días, a las dos de la tarde Abdul Wase se despidió de su padre e inició la visita a los clientes del popular bazar de Shahabi, en el centro de Herat, para cobrar a cada uno la mercancía previamente servida. Fue la última vez que Gholam Haidar vio a su hijo con vida. Esa misma noche una persona usando el teléfono del joven de veinte años, comunicaba a la familia que si querían volverle a ver debían pagar cien mil dólares. “Eso es una fortuna para unos simples comerciantes de ropa como nosotros y dijimos a los captores que era imposible acercarnos a esa cifra”, recuerda Haidar mientras sujeta en sus manos la foto de Abdul, su hijo mayor.

Abdul Wase, secuestrado y asesinado en Herat.

Mientras las fuerzas internacionales combaten a los talibanes, para el afgano de a pie el principal problema de la era post talibán es el crecimiento de la delincuencia. “La llegada de los occidentales nos ha traído el atentado suicida y el secuestro exprés, dos acciones impensable en el Afganistán previo al 2001”, aseguran los mandos policiales de Herat, la segunda ciudad más importante del país y auténtica capital de los secuestros. La Cámara de Comercio de Afganistán asegura que se está llegando a una media de “unos sesenta hombres de negocios o familiares secuestrados por año”, lo que ha convertido a Dubai en una provincia más de los apoderados afganos.

Pidiendo ayuda a vecinos y familiares, Haidar logró reunir quince mil dólares y fijaron una cita con los secuestradores para el intercambio. Fue él mismo en persona, sin avisar a la Policía. Dejó el dinero en el lugar acordado y le llamaron para decirle que su hijo regresaría esa misma noche a casa. Le mintieron. “Aquí en Herat el secuestro funciona así, primero se paga y a las horas sueltan al rehén”, aclara con lágrimas en los ojos. Un mes después recibieron una nueva llamada para pedir más dinero. Pidieron ver a su hijo. Imposible. Se encontraba en una aldea a las afueras. Haidar reunió cinco mil dólares y el lugar de entrega se fijó en Guzhara, en los alrededores de la base internacional de la OTAN en la que España mantiene desplegado al grueso de sus fuerzas.

Como ocurrió en septiembre en el paso de montaña de Sabzak, los delincuentes y asaltantes en Afganistán han encontrado una buena cobertura en el paraguas de la insurgencia. “Pero no se puede meter a todos en el mismo saco”, asegura Azad Haqqani, mulá de la provincia de Khost y ex preso en la prisión de alta seguridad de la base americana de Bagram, el auténtico Guantánamo afgano. En el caso de Herat el líder talibán era Gholam Yahya y el delincuente más importante, Bashir. Tras una operación de las fuerzas especiales americanas, el primero fue abatido y el segundo está entre rejas. Noticias muy bien recibidas entre los ciudadanos de una ciudad que vivían atemorizados.

“Fue hasta Guzhara y les di el dinero, pero esta vez tampoco liberaron a Abdul”, recuerda Haidar. Pasaron las semanas, hasta que un día un cliente se le acercó para decirle que en su aldea, cercana a Shinwasan, lugar en el que España sufrió su último atentado mortal en Afganistán, habían encontrado el cuerpo de un joven. “Habían traído el cadáver al Hospital Central y me fui a reconocerlo. Era él”, comenta el padre con rabia.

Esta muerte provocó fuertes protestas en el bazar central de la ciudad. Los comerciantes se echaron a las calles para pedir seguridad a las autoridades y a las fuerzas internacionales, “¿qué hacen aquí? A mi hijo le tenían a pocos kilómetros de su base y no fueron capaces de salvarle la vida. ¿Para qué han venido?”, se pregunta en voz alta este padre que ahora no se separa de sus otros hijos. Les lleva y trae de la escuela cada día. ¿Emigrar a Dubai? “Yo soy de Herat, toda mi familia lo es, y no pienso irme”, asegura.

servido por salamagur sin comentarios

13 Noviembre 2009

Los últimos judíos de Afganistán

(VER VIDEO)

“Los últimos judíos se fueron hace muchos años y nunca han vuelto, pero aquí les esperamos con los brazos abiertos”. Mohamed Nader tiene “más de setenta años” y nació en la muhalla-yi-musahiya de Herat, en la judería de esta ciudad del oeste del Afganistán en la que hasta 1978 había presencia judía. La creación del estado de Israel en 1948 supuso la salida de esta mítica ciudad de la Ruta de la Seda de la mayor parte de las 280 familias judías de Herat con destino Tierra Santa. La situación de inestabilidad previa a la invasión soviética supuso el adiós definitivo a los últimos judíos que emigraron primero a la vecina Irán y de allí a Canadá.

La rehabilitada sinagoga de Yu Aw de Herat.

Cuatro sinagogas y un baño son la huella arquitectónica dejada en este lugar, unos edificios que gracias a la labor de la fundación Agha Khan están siendo restaurados ya que después de tres décadas de guerra, como el resto de la ciudad vieja, estaban en ruinas. La sinagoga de Yu Aw ha sido la primera en recobrar su forma original, aunque de templo judío ha pasado a convertirse en madrasa para los niños del barrio. “Se trata de combinar rehabilitación y desarrollo social, que los edificios tengan vida y la gente los utilice en el día a día”, explica el responsable de la oficina de la fundación, Jolyon Leslie, de origen surafricano y con larga experiencia en el país.

Más de doscientos niños acuden cada día a clase en la sinagoga en turnos de mañana y tarde. En la plataforma donde antes se leía la torá ahora hay unas sillas de plástico en las que los pequeños aprenden canciones y colorean sus cuadernos. Nada recuerda al uso pasado del templo y una de las maestras asegura que “sabemos que es un edificio histórico, pero nada más”. Versos del Corán cuelgan de las paredes en pequeños marcos dorados. El buen trabajo de rehabilitación ha permitido la conversación de la decoración de la bóveda central con enrevesados dibujos azulados. El patio donde antes se reunía la comunidad judía antes del rezo es ahora el lugar de recreo, y donde vivía la familia del rabino, está la oficina del Centro Cultural Soorosh donde ofrecen té a los escasos visitantes que se acercan para ver el lugar.

Salajuddin es el arquitecto que ha dirigido las obras de reconstrucción y está orgulloso de su trabajo. Formado en Ucrania durante los años ochenta, allí tuvo contacto por primera vez con el pueblo judío con el que se ha reencontrado a través de su trabajo. “Es extraño, pero no hemos recibido ningún tipo de ayuda o colaboración por parte del estado de Israel. Los edificios estaban en muy mal estado y ver ahora esta sinagoga así es un milagro”, defiende este arquitecto que no piensa que con la presente situación en Afganistán la comunidad judía se anime a regresar.

Último superviviente

La presencia judía en el país se remonta a hace dos mil años, pero en el presente sólo queda uno, Zabolon Simantov, el guardián de la sinagoga de Kabul. En 1967 quedaban cuatro mil judíos en Afganistán, en 1969 había trescientos y en 1979 sólo treinta. Hoy queda Simantov, que nada más cerrar la puerta de la sinagoga que cuida en la Calle de las Flores se agacha para recoger una especie de hucha metálica que estira hacia sus visitantes para exigirles una aportación que le ayude a “sobrevivir”.

servido por salamagur 2 comentarios

12 Noviembre 2009

De Afganistán a Somalia

Después de tanto Afganistán la historia del Alakrana en manos de los piratas somalíes ha eclipsado al resto de temas. Más de un mes de secuestro que se ha convertido en una especie de Gran Hermano con los medios siguiendo día a día los sucesos como si del célebre programa de entretenimiento se tratara. No quiero entrar en el debate de si hay que ir o no a esos caladeros, o de la necesidad de llevar protección armada, dos discusiones que viendo los actuales datos sobre la mesa creo más que pasadas. Aquello debe ser un auténtico tesoro para que los barcos asuman estos riesgos. (ver la otra cara de los piratas).

Avión espía español en la base de Herat.

Enviados especiales a Seychelles, familiares llamando a radios y televisiones, editoriales en prensa sobre la conveniencia de negociar o no con piratas (qué raro que hasta el momento nadie les llame terroristas)... un despliegue completo y complejo que está logrando llevar al estrellato a estos nuevos piratas del siglo XXI que, sin demasiados medios están logrando amasar una auténtica fortuna a base de rescates.

Mientras que en Afganistán no se negocia con los talibanes bajo ningún concepto, según la versión oficial, en Somalia se va a negociar hasta con el tío abuelo del reponsable de limpiar el barco pirata con tal de que esto se acabe cuanto antes.

Como americanos y británicos en el caso afgano, pienso que la negociación pública es un error. Pero aquí parece que el espectáculo es lo primero, por encima de la vida de los marineros o de la seguridad futura de las embarcaciones. Porque en ese mercado, como en el resto, todos saben si un país paga o no sus rescates. Es un ejemplo en el que la autocensura, el silencio informativo, nunca desinformación, juegan a favor de las verdaderas víctimas, que son los marineros.

servido por salamagur 1 comentario

10 Noviembre 2009

España en la FSB de Herat

Herat es la ciudad donde más soldados tiene desplegados España en Afganistán, una circunstancia que puede variar con la finalización de las obras de la base de Qala-i-Nao. Base logística y sede del comando regional Oeste de la misión de OTAN.

A continuación cuelgo algunas fotos de los días de trabajo en la FSB el pasado mes de octubre, la base internacional en la que las fuerzas españolas comparten funciones con italianos, americanos y otros ejércitos internacionales.

Fueron unas jornadas especiales, marcados por el ataque que unos días antes cotó la vida al cabo Cristo mientras patrullaba en la cercana Shinwasan.

servido por salamagur 2 comentarios

5 Noviembre 2009

La ONU abandona el barco afgano

Historia acabada. Abdulá Abdulá dio ayer su última pataleta ante los medios de medio mundo que poco a poco empezamos a dejar Afganistán en busca de nuevas coberturas. Atrás quedan una locura de proceso electoral, jornadas de mucha violencia y días de tensión e incertidumbre. Tengo la sensación de dejar atrás el peor panorama que nunca he vivido en Afganistán desde que llevo trabajando en este país. La noticia de la evacuación de más de la mitad del personal de Naciones Unidas es el último síntoma de la enfermad terminal que sufre este país y que ocho años de medicina occidental no ha sido capaz de curar.

Rueda de prensa en casa de Abdulá Abdulá.

La ONU trasladará a unos 600 de sus cerca de 1.100 funcionarios internacionales, lo que supone un 12% de todo el personal. La decisión se produce menos de una semana después del asalto contra una guest house de la organización en el que murieron cinco de sus trabajadores. La misión de Naciones Unidas está pendiente también de la renovación de su mandato, un mandato político y parcial que le impide ser un mediador útil en el conflicto. En esta guerra hay dos bandos muy claros y la ONU ha tomado parte por uno de ellos. La consecuencia directa es que ocho años después es objetivo directo de la insurgencia. ¿Quién puede hacer ahora esa labor de mediación?

La comunidad internacional cierra filas en torno a un Karzai cuyo poder apenas traspasa los muros de su palacio. Un presidente sin ningún tipo de autoridad moral y ahora habla de luchas contra la corrupción y de tender la mano a los talibanes. Un presidente que en los últimos meses ha echado la culpa de todos los males del país a los mismos extranjeros que le convirtieron en lo que es y a los que necesita para seguir manteniendo esta fantasía democrática que no hay por donde cogerla.

Casa de la ONU atacada.

Ahora llegará la investidura, con presencia de ministros extranjeros, la formación de gobierno y paripés varios para perpetuar en la cúpula del poder a los mismos que llevan ocho años llenándose los bolsillos sin pudor. Los afganos por un lado, y la comunidad internacional por otro. Juntos, pero no revueltos, bien separados por los muros de hormigón y coches blindados.

Esperaremos nuevas estrategias, planes de cambio de Obama, refuerzo de contingentes como el español… pequeñas gotas de agua que seguirán llenando el vaso de los despropósitos de la misión afgana. Ocho años después de llegar a este país el hombre blanco sigue sin remangarse los pantalones para poder caminar a pie de calle y mancharse sus zapatos en los charcos que estos días inundan Kabul. A todo el mundo se le llena la boca hablando de Afganistán, pero aquí nadie se sienta a comerse un kebab en un restaurante afgano. La distancia se ha ido agrandando y ya somos una especie de astronautas que, en la mayoría de casos, llegan, se forran y vuelan. Hasta que llegue un día que todos volemos, pero por los aires.

servido por salamagur 4 comentarios

5 Noviembre 2009

El teatro afgano renace de sus ruinas

“La última obra que se representó fue una adaptación de ‘La madre’ de Máximo Gorki, todo un éxito de público”. Farid pasea entre las ruinas del antiguo Teatro Nacional de Kabul y recuerda con detalle ese año 1992. Hijo de director de orquesta y actriz, siempre ha vivido en este teatro. En los años gloriosos, cuando la entrada costaba “cincuenta afganis de aquella época” y mil personas abarrotaban el aforo, y en los tiempos terribles de la guerra civil, cuando los muyahidines bombardearon el lugar y el general Dostúm –que recientemente ha regresado al país para apoyar a Hamid Karzai en las elecciones- usaba el foso de músicos para amontonar los cuerpos de sus adversarios fusilados. Este hombre enjuto y de rostro serio lo ha vivido todo en primera persona y ahora trabaja como guardia de estas ruinas a cambio de un salario de 3.000 afganis al mes, 42 euros al cambio. Al menos le permiten vivir en lo que en su día fue el palco de autoridades.

“Es mi casa, cada día sueño con que alguien volverá a devolverle su esplendor, pero pasa el tiempo y nadie le presta atención. Afganistán tiene mayores urgencias que su teatro”, lamenta mientras guía al extranjero por las entrañas del escenario y muestra los restos de la máquina que se usaba para cambiar de escenarios con rapidez y que era la envidia de los países vecinos.

El esqueleto de este edificio es una de las muchas cicatrices que quedan en la capital de la época de la guerra civil entre los diferentes señores de la guerra que reclamaban su cota de poder tras la ocupación soviética. Muchos de ellos ocupan puestos importantes en los ministerios con el visto bueno de Occidente, pero con la condena muda de los ciudadanos de a pie que les tienen tan poca simpatía como a los líderes talibanes.

Teatro de los Niños

Al lado del gran teatro se ha levantado un edificio más modesto presidido por un cartel que anuncia ‘Teatro de los Niños’. Allí trabajan ahora los grandes actores de este país que tuvieron que exiliarse en los años de guerra y de control talibán. Desde hace tres años Qader Farukh dirige esta renacida Compañía Nacional que ya ha representado una decena de obras en una pequeña sala, coronada por una cúpula de cristal azul, y donde las sillas se colocan en función del público que vaya llegando. “Es teatro casi amateur y gratuito, el sueldo medio no sobrepasa los seis mil afganis mensuales, 84 euros, y vivimos gracias a segundos trabajos y ayudas internacionales”, asegura Farukh, cuyo hijo acaba de graduarse en Bellas Artes y también se ha incorporado al mundo del espectáculo.

En la mayor parte de ocasiones trabajan por encargo de organizaciones internacionales y su público lo forman los niños de los diferentes colegios de Kabul. Ahora preparan una obra sobre la paz que ha encargado la misión de Naciones Unidas en Afganistán, UNAMA. Sesenta y cinco personas trabajan en el teatro, de ellos 25 actores y cinco actrices, “una profesión de alto riesgo para las mujeres en este Afganistán”, asegura Farukh, que durante siete años vivió exiliado en Pakistán donde trabajó para el canal en persa de la cadena BBC.

Farukh, otro mago del suspense.

Pese a la creciente presión fundamentalista en el país, considera que en la capital se respeta la libertad de expresión y por ello han podido trabajar en obras como ‘Parlamento’ o ‘Los recuerdos de un muyahidín’, donde se critica a la política actual y a los que destrozaron el país durante la guerra civil. “En Pakistán es bastante peor, allí presenté un proyecto titulado ‘La libertad de las mujeres’ y recibí amenazas de muerte”, destaca.

No corren buenos tiempos para el teatro en este país, pero la violencia y las malas condiciones laborales no nublan la genialidad de artistas como Farukh. Con mucha discreción se retira hasta uno de los camerinos y allí, lejos de la mirada del resto de compañeros, enciende un cigarro sin importarle romper con el ramadán. Aspira con fuerza y habla de política, el monotema estos días de recuento electoral en Afganistán, “las elecciones son una especie de teatro en el que la comunidad internacional tira de los hilos y los políticos y pueblo afganos no son más que simples marionetas”, reflexiona en voz alta antes de seguir fumando y recordando épocas mejores.

servido por salamagur 2 comentarios

Sobre mí

Avatar

Mikel Ayestaran

Periodista freelance y viajero empedernido, recorro las zonas calientes del globo con una mochila de 10 kilos a la espalda y ahora un ordenador portátil. Cubro la actualidad sobre el terreno en países como El Líbano, Siria, Afganistán, Irak, Pakistán o Irán, mi gran pasión. Siempre con la bolsa lista para dar el salto a donde esté la noticia, viajo, vivo y me muevo con los locales. Si alguien quiere encontrarme, que busque el fumadero de ‘narguile’ más famoso de la ciudad y allí estaré con un block de notas y dando buena cuenta de una pipa de tabaco de manzana. Mi mayor temor es tener que volar en uno de los muchos Tupolev 154 que siguen operando en los países donde me toca moverme.