
Los británicos fueron menos pasionales en su dolor tras los atentados de Londres de julio de 2005 y también han tardado más en erigir un monumento a las 52 víctimas de aquellas bombas que hace cuatro años accionaron cuatro suicidas.

Hoy ha sido inaugurado en un extremo de Hyde Park (a media altura de su lado este, junto a Park Lane) el memorial del 7-J: un total de 52 columnas de 3,5 metros de hierro fundido, entre las que se puede pasear. Todas están juntas, aunque aparecen más próximas las que enumeran las víctimas que murieron en el mismo lugar (tres líneas de metro, en las que los artefactos explotaron a eso de las 8.50 de la mañana, y un autobús, que saltó por los aires a las 9.47). Los pilares no contienen nombres, sino la hora y lugar del atentado, pero a cada uno se la ha dado singularidad con un acabado particular en su textura. La relación de nombres, todos juntos, figura en una placa situada a un lado. El diseño es del estudio de arquitectos Carmody Groarke y ha costado un millón de libras.
La inaguración del memorial ha sido un acto de consenso, por más que las víctimas no hayan logrado la comisión de investigación pública que solicitaban y la oposición se haya tenido que conformar con la cerrazón informativa del Gobierno sobre particulares detalles de la trama terrorista. En eso, los británicos también han sido desapasionados.