17 Noviembre 2009

El hermano "chino" de Obama

Dentro de su trascendental gira por Asia, la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a China no sólo será la más importante por el ascenso internacional de este país, sino también por el componente emocional de la misma. Cosas de la globalización, el primer inquilino negro de la Casa Blanca, que nació en Hawai y vivió en Indonesia, tiene un hermano en China. Para ser más exactos, un medio hermano, ya que Mark Okoth Obama Ndesandjo, que reside desde hace siete años en la sureña provincia industrial de Guangdong, es hijo del padre de Obama y su tercera esposa, la judía Ruth Nidesand.

Mark Okoth Obama Ndesandjo había mantenido un perfil muy bajo, pero aprovechó la inminente visita del presidente de EE.UU. a China para presentar su libro. REUTERS

Cuando el actual presidente de EE.UU. era sólo un bebé de dos años, su padre, Barack Hussein Obama, los abandonó a él y a su segunda esposa, la blanca Anne Dunham, y se marchó a la Universidad de Harvard. Después conoció a Ruth Nidesand, que le siguió hasta Kenia y allí se casó con él cuando éste se divorció de su anterior mujer en 1964.

Sin embargo, los problemas no surgieron por sus diferencias religiosas porque Obama padre no era un musulmán practicante, sino un borracho empedernido al que se le iba la mano con su esposa cuando tomaba alguna copa de más.

Así lo cuenta Mark Okoth Obama Ndesandjo en su libro "De Nairobi a Shenzhen: Una historia de amor", una especie de novela autobiográfica que presentó recientemente en China aprovechando la inminente visita de su medio hermano. "Mi padre me pegaba, pegaba a mi madre. Cuando eres un niño y ves cómo tu madre es golpeada sin que puedas protegerla, se te endurece la piel", recordó con lágrimas en los ojos Obama Ndesandjo, quien tenía ocho años cuando sus progenitores finalmente se separaron y dejaron de vivir juntos en su villa de estilo de europeo en el distrito de Lavington, donde vivía la joven burguesía de Nairobi.

En su libro, el autor ha utilizado numerosos elementos de su vida para exorcizar los demonios del pasado y ajustar cuentas con las conflictivas relaciones con su padre, que falleció en un accidente de tráfico en 1982. Al igual que Ndesandjo, que perdió su trabajo en una compañía de fibra óptica tras el 11-S, el protagonista de su obra, David, viaja de Nairobi a Shenzhen, una vibrante megalópolis fronteriza con Hong Kong, al enamorarse de una hermosa joven china.

Tras las palizas sufridas en su infancia, allí descubre la verdadera importancia de la familia y se embarca en proyectos caritativos. No en vano, Obama Ndesandjo, que trabaja como consultor, dirige una asociación de ayuda a los huérfanos y está casado con una china de la provincia de Henan, que presentará al presidente de EE.UU. cuando ambos se reencuentren aprovechando su estancia en Pekín.

"En China hay un gran sentido de la familia que espero que él comprenda", aseguró el escritor, quien, al igual que Obama, tiene una sólida educación al estar licenciado en Matemáticas por la Universidad de Brown y contar con un máster en Stanford. De hecho, en la presentación de su libro hizo gala no sólo de su fluidez con el mandarín, sino también de sus conocimientos, citando a Tolstoi y a clásicos de la Literatura china como "El sueño de la mansión roja".

Pero, por encima de todo, Ndesandjo, que recuperó el orgullo de apellidarse Obama cuando su hermano se convirtió en el primer presidente negro de EE.UU., estará feliz de volver a verlo porque "somos una familia y le quiero".

A pesar de sus ilustres parientes, el escritor, que ya está preparando una autobiografía donde abordará con más detalle la relación con su hermano, ha publicado su novela de 358 páginas en Aventine Press, una editorial que cobra a los autores 399 dólares por la difusión de su obra y destinará el 15 por ciento de los ingresos a orfanatos chinos. "Quiero ser conocido por lo que escribo, no por ser hermano de Obama", concluyó Ndesandjo, que es tan alto y delgado como el presidente de EE.UU. pero puede permitirse el lujo de llevar la cabeza rapada, vestirse con ropas africanas y lucir un pendiente en su oreja izquierda.

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16 Noviembre 2009

Perros tras el rastro del tigre en Camboya

El fino olfato de Maggie, una perra pointer alemana, puede salvar a los tigres de Camboya de la extinción. El alarmante descenso del número de este tipo de felinos, de los cuales sólo quedan 5.000 de los 100.000 que poblaban toda Asia hace un siglo, ha obligado a las asociaciones conservacionistas a emplear los métodos más sorprendentes para localizar a los animales en peligro de desaparición.

El último de ellos consiste en utilizar canes de la raza pointer como Maggie, famosos por sus dotes para el rastreo de las presas en las cacerías. Pero, por su propio bien, la perrita no irá ladrando detrás de ningún tigre, sino que se dedicará a olfatear el terreno en busca de sus excrementos para poder determinar su ubicación.

Para empezar, Maggie rastreará los 3.000 kilómetros cuadrados del Área de Conservación de la Biodiversidad de Seima, una de las mayores reservas naturales enclavada al noreste de Camboya. El año pasado, ni las cámaras instaladas en el parque ni las búsquedas sobre el terreno dieron con ningún tigre, por lo que se ha recurrido a los pointer ante el temor de que hayan desaparecido para siempre. No en vano, la última vez que se tuvo constancia de la permanencia de los tigres en dicha reserva fue en 2007, cuando se encontraron las huellas de unas zarpas.

"Este es el mejor método cuando tenemos una gran extensión de terreno y no demasiados tigres", explicó a la agencia AP Hannah O´Kelly, una experta de la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (Wildlife Conservation Society o WCS en sus siglas en inglés). Fundada en 1895, esta asociación es una de las más importantes instituciones ecologistas de Estados Unidos, donde gestiona el acuario de Nueva York y los zoológicos del Bronx, Queens, Central Park y Prospect Park.

Junto con la ONG Pantera, dedicada a la protección de los felinos, la Sociedad se gastará más de 23.000 euros en desplazar a Camboya a Maggie y un segundo perro procedente de Rusia que llegará a finales de este año.

Esta iniciativa forma parte de un gran proyecto iniciado en 2006, presupuestado en casi 8 millones de euros con una duración de diez años, que se denomina "Tigres para siempre". El plan persigue aumentar en un 50 por ciento el número de tigres asiáticos en Camboya, China, India, Indonesia, Laos, Tailandia y el este de la Siberia rusa.

De hecho, en esa vasta región fue el primer lugar del mundo donde los pointer empezaron a rastrear los excrementos de los tigres siberianos. Hasta el momento, seis canes han sido entrenados por la bióloga Linda Kerley, que participa en el proyecto, en la Reserva Natural de Lazovsky, en Rusia.

"No queremos perros que cacen a los tigres, sino que olfateen sus rastros", indicó Kerley, quien matizó que los mejores animales para esta tarea son los cazadores y los pastores de ovejas. El motivo es que dichas razas pueden detectar fácilmente el olor a almizcle que desprenden los excrementos de los felinos, que sirven también como una señal a otras especies para marcar su territorio.

Según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en sus siglas en inglés), apenas quedan en todo el mundo algo menos de 7.000 tigres en libertad y unos 9.000 en cautividad, sobre todo en EE.UU. y China. En 1993, cuando sólo quedaban una decena de ejemplares en este país, Pekín puso en marcha un eficaz programa de cría en cautiverio e inseminación artificial que ha disparado la población hasta los 4.000 felinos.

A pesar de este éxito, sólo sobreviven cinco subespecies del tigre asiático. Entre ellos, destacan el de Bengala, localizado en la India, Bangladesh, China, Bhután, Myanmar (antigua Birmania) y Nepal; y el siberiano, oriundo de Rusia, China y Corea del Norte.

Además, en Indonesia persiste el tigre de Sumatra y en el Sureste Asiático lo hace el indochino, mientras que el de Amoy podría haber desaparecido ya del sur de China, como ocurrió hace tiempo con el tigre del Caspio, el de Java y el de Bali.

Desde que se empezara a utilizar a los perros para localizar a los tigres siberianos en el este de Rusia, este método ha sido empleado en otros países con distintas especies. Así, en Latinoamérica se recurre a los canes para buscar jaguares y en África hacen lo propio con los leopardos, ya que su fino olfato les permite seguirles la pista rastreando sus excrementos.

En el caso de especies protegidas o en peligro de extinción como los tigres asiáticos, amenazados por los cazadores y por la reducción de su hábitat natural, los restos biológicos de los animales son una valiosa pista no sólo para encontrarlos, sino también una importante fuente de información genética que puede llegar a salvarlos.

Además, en el Parque Nacional de Taman Negara, en Malasia, se estudiaron los excrementos de los elefantes para calcular su población, lo que indica que un método tan prosaico también puede ser muy efectivo.

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10 Noviembre 2009

Wu Yulu, el campesino más robótico de China

Si no fuera un campesino que dejó de ir a la escuela con 14 años porque era muy mal estudiante, Wu Yulu estaría hoy trabajando para la Agencia Espacial China y hasta es probable que hubiera diseñado algún cohete lunar o un satélite. Y es que, sin conocimientos técnicos y valiéndose sólo de una pericia innata, Wu Yulu ha fabricado ya 36 robots que le han reportado la fama en China al ganar alguno de esos concursos de televisión que premian a excéntricos inventores autodidactas.

"Era distinto a los demás niños, que estaban siempre jugando. A mí me gustaba observar los movimientos de las personas y animales y luego reproducirlos en las máquinas", explica Wu Yulu, que tiene ya 48 años y fabricó su primer robot en 1979.

Dicho artilugio, que le llevó una década terminarlo, era un rudimentario "Mecano" de 26 centímetros adornado con la cabeza de un muñeco y montado con alambres, engranajes de hierro y cables sacados de la basura, pero podía andar y mantener la estabilidad gracias a un par de pilas. "No había visto películas de ciencia-ficción ni leído libros fantásticos porque en aquella época no teníamos nada de eso en los pueblos chinos", se sincera el hombre en el taller de su casa, ubicada a 40 kilómetros de Pekín en el pueblo de Tongzhou.

Su segundo robot, que le costó fabricarlo medio año en 1980, era otra pequeña máquina herrumbrosa de cuatro patas dotadas con imanes para poder escalar por las puertas de hierro. Desde entonces, y utilizando sólo piezas sencillas como ruedecillas de metal, manguitos de plástico, tornillos, tubos, chapas o madera, Wu Yulu ha perfeccionado sus creaciones y hasta ha desarrollado robots con el mismo tamaño de un humano capaces de arrastrar un palanquín y pronunciar pequeños mensajes que, previamente, ha grabado en un megáfono.

Es el caso de Wu número 32, un colorista artefacto de 1,6 metros formado con un cuerpo de latón que pesa 100 kilos y está enganchado a una silla de hierro con ruedas. "Buenos días. Soy el robot porteador y llevo de paseo a Wu Yulu, que es mi padre", dice moviendo los ojos y los labios de gomaespuma mientras avanza pasito a pasito gracias a una batería eléctrica y varios alternadores que le permiten tirar del carrito en el que viaja su creador.

Un modelo similar a éste, capaz de cargar con 300 kilos, fue expuesto en la feria científica de Shijiazhuang, en la provincia de Hebei, junto al último cohete espacial chino. Por 10.000 yuanes (1.000 euros), Wu Yulu lo alquiló luego durante tres meses a una televisión japonesa y después lo vendió a una empresa de Nanjing, cuyo dueño pagó 50.000 yuanes (5.000 euros) por tan original juguete.

"Compro todas las piezas a las compañías de reciclaje a 30 yuanes (30 céntimos de euro) el kilo y yo mismo moldeo el hierro para que las cabezas, las piernas y los brazos tengan un aspecto más humano", explica el inventor en la puerta de su casa, la típica vivienda de campesinos chinos con varias destartaladas estancias y un patio central donde sus robots se mezclan con sus perros bajo la ropa colgada a secar.

Al principio, a la mujer de Wu Yulu no le hacía ni pizca de gracia que estuviera todo el día trasteando entre hierros y cables en lugar de atender su campo de maíz y trigo, pero cambió de idea en cuanto su marido empezó en 2002 a aparecer en televisión, donde ganó la fortuna de 10.000 yuanes (1.000 euros) en un programa sobre inventores caseros.

"Mi próximo proyecto es un robot que pueda desarrollar movimientos más complicados, como bailar o coger un cigarrillo", concluye ilusionado Wu Yulu, quien trabaja en sus inventos 16 horas al día. Pero no está solo. En lo que supone un auténtico relevo generacional, su hijo pequeño, de 21 años, ha recogido el testigo y, gracias a sus estudios en la Universidad Tecnológica de Pekín, ya colabora con él instalando sencillos programas informáticos a sus nuevos robots. Entre ellos destaca un juego de damas contra el que juega en sus ratos libres Wu Yulu, el campesino más robótico de China.

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4 Noviembre 2009

Nan Hai 1: los tesoros de la Ruta Marítima de la Seda

En agosto de 1987, una empresa británica de "cazatesoros" estaba buscando barcos de la Compañía de Indias Orientales hundidos en el Mar del Sur de China y, de manera casual, descubrió el mayor hallazgo de la arqueología subacuática de este país. Se trataba de un junco sumergido en el fondo marino en perfectas condiciones, en cuyo interior se encontraron artefactos personales, como un cinturón de oro y plata de 170 centímetros que pudo haber pertenecido al capitán de la nave, monedas de cobre, lingotes de oro y bella porcelana de las dinastías Song (960-1279) y Yuan (1271-1368). Algunas de estas teteras y jarrones de cerámica pertenecían a cuatro de las escuelas más aclamadas de China y de gran valor en la actualidad, como Jingdezhen, Longquan, Dehua y Jianyao.

Al contrario de lo ocurrido en España con el proceloso caso "Odissey", el Gobierno chino tomó de inmediato cartas en el asunto: rescindió el contrato con los "cazatesoros" británicos y asumió personalmente la compleja exploración del barco hundido, que se convirtió así en un asunto de Estado y una cuestión de orgullo nacional.

El problema era que, en esos momentos, China no disponía de la tecnología suficiente para acometer tal proyecto, así que en 1989 pidió ayuda al Instituto Japonés de Investigación Submarina de Asia, cuyos buzos localizaron el buque en noviembre de ese año y llevaron a cabo su primera incursión.

Bautizado como "Nan Hai 1" ("Mar del Sur 1"), los expertos determinaron que se trataba de un junco de madera que se había hundido hacía 800 años frente a las costas de Yangjiang, en la provincia sureña de Guangdong. Aunque se situaba a unos 23 metros en el fondo el mar, la embarcación se conservaba en muy buen estado porque se había sumergido varios metros en el lodo del fondo marino, que lo había preservado de la erosión del mar.

Arrancaba así la titánica tarea para rescatar el mayor tesoro de la arqueología submarina china, que a partir de 2001 implicó no sólo al Gobierno regional de Guangdong, sino también a grupos de expertos de la cercana Hong Kong, la antigua colonia británica devuelta al régimen de Pekín en 1997. Desde 1989 hasta 2007, se llevaron a cabo ocho exploraciones submarinas hasta determinar que la embarcación medía 30,4 metros de largo, 9,8 de ancho y 4 de alto en la parte de la bodega. Aunque habían desaparecido los mástiles, la cubierta y los laterales estaban intactos. Debido a las buenas condiciones en que se hallaba, su rescate se convirtió de inmediato en un objetivo prioritario para los arqueólogos submarinos chinos.

"No es el barco más antiguo que hemos encontrado, pero sí el mejor conservado, por lo que nos ha proporcionado mucha información sobre la Ruta Marítima de la Seda", explica a ABC Cui Yong, vicepresidente del Centro de Arqueología Submarina de Guangdong. No en vano, del mismo ya se han extraído más de 4.000 piezas de porcelana y 6.000 monedas de cobre que abarcan un periodo de 500 años, pero lo más importante es que se calcula que en su interior aún hay unos 80.000 objetos.

"El “Nan Hai 1” era un barco de mercaderes privados que iba a vender sus artículos a algún país del Sureste Asiático o del Océano Indico siguiendo la Ruta Marítima de la Seda", desgrana Cui Yong, para quien el rescate de la embarcación se convirtió en una obsesión que ha marcado buena parte de su vida.

Para sacar al "Nan Hai 1" del fondo y elevarlo más de 20 metros hasta la superficie, la Oficina de Salvamento Marítimo de Guangdong construyó un sarcófago de hierro de 35 metros de largo, 14 de ancho y 12 de alto. Tal y como recuerda el subdirector del Departamento de Ingeniería de la Oficina de Salvamento Marítimo, Wang Renyi, "esta especie de cesta, que no tenía fondo, fue sumergida hasta cubrir el barco. Luego, para elevarlo, se metieron en el mar 36 grandes raíles de hierro que fueron introducidos por los agujeros laterales del sarcófago y formaron así su suelo".

Dos décadas después de su localización, el "Nan Hai 1" fue por fin extraído del mar el 22 de diciembre de 2007. El descomunal barco grúa "Hua Tiang Long" ("Próspero Dragón del Cielo"), que se utiliza para rescatar buques hundidos y colocar plataformas petrolíferas, elevó hasta la superficie el sarcófago, que pesaba 4.000 toneladas incluyendo el agua, el "Nan Hai 1" y parte del fondo marino.

A continuación, fue trasladado unos 300 metros hasta la isla de Hailing, en cuya playa se ha construido un espectacular museo que tiene previsto abrir sus puertas en breve para mostrarlo al público.

Con forma de olas, el museo de la isla de Hailing donde se exhibirá el "Nan Hai 1" no desmerece de su audaz rescate. El junco ha sido depositado en el "Palacio de Cristal", una piscina de 70 metros de largo, 40 de ancho y 12 de profundidad que cuenta con ventanas laterales para que el público pueda ver la embarcación cuando se retire el sarcófago de hierro que aún lo cubre.

Una vez que la nave tenga en el estanque las mismas condiciones de presión y temperatura del agua que en el fondo marino, el público podrá contemplar en vivo las exploraciones de los buzos en busca de sus tesoros. Tras varios retrasos que han demorado su fecha de inauguración, el Museo de la Ruta Marítima de la Seda, que mostrará una colección de 30.000 piezas en sus 130.000 metros cuadrados, tiene previsto abrir al público durante los próximos meses.

FOTOS: CHINA PICTORIAL

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31 Octubre 2009

El Bulli... agridulce en Pekín

La alta cocina española se elevó esta semana a la categoría de arte de vanguardia en Pekín. Hasta la capital china llegó Albert Adrià, uno de los artífices del famoso restaurante "El Bulli" junto a su hermano Ferrán, para demostrar su maestría en los fogones con un par de clases magistrales donde desveló algunos de sus secretos culinarios.

Para ello, nada mejor que preparar algunos de sus platos más innovadores, como la "mousse" de agua con nitrógeno o la gelatina de mango termo-irreversible, ante las 600 personas que, sumando los dos días, acudieron el miércoles y el jueves a una de las salas de exposiciones del Centro de Arte Contemporáneo Ullens.

Dicha galería se ubica en la Factoría 798, una antigua empresa electrónica de la época comunista levantada por arquitectos de la Alemania Oriental que ha sido reconvertida en el barrio de los artistas de Pekín gracias a sus enormes naves industriales, en cuyas paredes aún se conservan las proclamas a Mao para incentivar la producción.

Transformadas en amplios "lofts" al más puro estilo Soho de Nueva York, dichas naves acogen exposiciones artísticas, restaurantes, cafés y bares de diseño y hasta obras de teatro experimental como el estreno mundial en 2007 de "Imperium", de la Fura dels Baus.

Dentro de los actos de promoción de vinos y alimentos españoles organizados por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), Albert Adrià presentó en una de estas amplias y desnudas salas de techos abovedados su libro de recetas "Natura", que le ha costado dos años escribirlo, y mostró algunas complejas técnicas de elaboración y presentación de sus platos.

Debido a la "reconstrucción" de los ingredientes para extraerles los sabores y su reconstrucción luego con gelatina o con el nitrógeno congelado, los críticos gastronómicos han acuñado el término "cocina molecular" para definir su estilo, propio de un alquimista que sabe combinar las propiedades y texturas de los alimentos. Pero Albert Adrià se rebela contra esa etiqueta. "No hago cocina molecular, sino sólo buena cocina, cuya calidad será igual con o sin nitrógeno", explica en medio de un hormiguero de cocineros chinos antes de empezar su clase magistral.

Ya sobre el escenario, combinó elementos de la cocina tradicional china, "que tiene un gran potencial por su tradición milenaria y su abundancia de recetas", con la española para preparar navajas con aire de salsa de soja o caquis con piel de mandarina verde y miel ácida. Además de proyectar el documental "Un día en El Bulli", grabado por él mismo para reflejar el trabajo del votado como mejor restaurante del mundo durante los cuatro últimos años, Adrià presentó las técnicas de deformación de productos bajo la lámpara térmica para moldear postres que, una vez presentados, no desentonaban con los cuadros que se exhiben en las vecinas galerías de arte.

"Mi hermano Ferrán me dijo que la cocina china era el futuro y estamos dispuestos a venir aquí", anunció antes de comparecer ante la audiencia, formada por prestigiosos chefs chinos como Da Dong, que regenta un popular restaurante de pato laqueado en Pekín, y responsables de selectos locales como el Hong Kong Jockey Club, Michael Yue, o los cocineros jefes de Blu Lobster, Jordi Villegas, y Meat & Wine, Ferdy Widjaja.

"Hay que encontrar el equilibrio entre la tradición y los elementos modernos", se despidió Adrià saboreando un bocadillo de jamón ibérico 5 Jotas con pan de aire que estaba para chuparse los dedos... o las moléculas.

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27 Octubre 2009

Una Feria de Sevilla de ojos rasgados

Con motivo del 80 aniversario del diario ABC de Sevilla, reproducimos aquí las andanzas chinas de José Manuel Ramírez, un fotógrafo sevillano afincado en Pekín que organizó este año la primera Feria de Abril de ojos rasgados

Aparte del fútbol y los toros, poco más se sabe de España en China, donde lleva ya dos años viviendo el fotógrafo sevillano José Manuel Ramírez. Tras haber recorrido la "Ruta de la Seda" en 2004 y pasado largas temporadas en Estados Unidos, Alemania y Japón, este licenciado en Antropología de 45 años dejó su barrio natal de Torreblanca y se asentó en Pekín. "Quería ser testigo de los cambios que están ocurriendo en China", explica Ramírez, quien se casó el año pasado con una japonesa, Ayaka Tanaka, con la que ya tiene una hija de siete meses.

Para mitigar el desconocimiento general que hay en China sobre España, José Manuel Ramírez se ha embarcado en varios "locos proyectos", como organizar la primera Feria de Abril en Pekín, los primeros Sanfermines o un singular concurso de tortillas de patatas.

"España tiene tópicos universales a los que podemos sacarle partido para promocionar la imagen de nuestro país", apunta el fotógrafo, que se unió a Carlos Chordi, quien regenta varios restaurantes españoles en Pekín y ofreció su centro comercial de temática hispana, Nali Patio, para acoger el evento.

"La iniciativa fue un éxito. Salimos en muchos medios chinos y reunimos a 1.500 personas durante los dos días que duró la Feria, en la que no sólo hubo fiesta, sino también actividades culturales y seminarios sobre el aceite y el vino", se congratula Ramírez, quien sin embargo se queja del poco apoyo financiero que recibió por parte de las instituciones españolas y andaluzas. "Sólo Turespaña aportó 600 euros, así que espero que se animen más el próximo año al ver que se trata de una buena forma de dar a conocer la imagen de España, Andalucía y Sevilla", concluye confiando en organizar el próximo año una nueva Feria de Abril de "ojos rasgados".

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16 Octubre 2009

China: de Tiananmen al capitalismo salvaje

Fundada por Mao Zedong el 1 de octubre de 1949, la República Popular China acaba de cumplir seis décadas con el objetivo de desbancar este año a Japón como segunda potencia económica del mundo. Tras su progresiva apertura al capitalismo, iniciada con las políticas reformistas emprendidas en 1978 por Deng Xiaoping, el gigante asiático ha vivido un extraordinario crecimiento económico que ha transformado radicalmente a la sociedad y ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza, constituyendo además una cuantiosa clase media urbana.

China ya no es un atrasado país de humildes campesinos, sino la potencia emergente que está llamada a rivalizar con la hegemonía de Estados Unidos durante el siglo XXI. En un novedoso modelo que combina el capitalismo salvaje con la autoridad dictatorial del comunismo, el régimen de Pekín se legitima de cara a su pueblo gracias al progreso y modernización que ha traído el crecimiento económico, que solapa, junto a la persecución y encarcelamiento de las minoritarias voces disidentes, cualquier debate interno sobre la instauración de un sistema democrático y multipartidista.

Pero este meteórico ascenso se paseó por la cuerda floja en 1989, cuando el régimen chino estuvo a punto de verse arrastrado por el desmoronamiento de los países comunistas en el Este de Europa.

Aunque el "dragón rojo" había apostado por un "socialismo con características chinas" para distinguirse de la Unión Soviética, los nuevos aires que se respiraban en todo el mundo hace dos décadas llevaron a Pekín una "primavera democrática" que acabaría aplastada por los tanques en la masacre de Tiananmen durante la madrugada del 4 de junio de 1989.

Las protestas democráticas de los estudiantes, espoleadas por la muerte del líder reformista Hu Yaobang en abril, pusieron en jaque al régimen chino, inmerso en una compleja apertura económica que había disparado la corrupción, los precios, el malestar social en las ciudades y las ansias de libertad. Tras el terror y la sinrazón de la "Revolución Cultural" (1966-76), una nueva generación de chinos educada en la crítica parcial a Mao (70 por ciento de gestión positiva, 30 por ciento negativa) se atrevía a tomar las calles y cuestionaba a los jerarcas del Partido Comunista.

Esta auténtica rebelión se producía en medio de un contexto histórico global marcado por el imparable resquebrajamiento del Telón de Acero y mientras Gorbachov predicaba la "perestroika" en la URSS. Pero el régimen comunista chino, que ya había dado muestras de su sagacidad al adelantarse una década en su apertura al capitalismo, no dudó en sacar el Ejército a la calle para sofocar a sangre y fuego una revuelta que amenazaba directamente al poder. Mientras Occidente condenaba a Pekín por la matanza de Tiananmen y aplaudía o contribuía directamente al desmoronamiento del bloque comunista y al desmembramiento de la URSS, el Gobierno chino seguía adelante con sus reformas económicas tras defenestrar a Zhao Ziyang, el secretario general del Partido que se había reunido con los estudiantes para evitar sin éxito un baño de sangre.

Para legitimar su poder tras la masacre, el régimen chino se volcó de lleno en el crecimiento económico y la mejora de la vida de sus ciudadanos, que empezaron a notarse a mediados de los 90 con la transformación de sus grandes ciudades en modernas megalópolis plagadas de futuristas rascacielos, imponentes galerías comerciales con centelleantes luces de neón y autopistas de varios niveles.

Aunque 800 millones de chinos aún siguen viviendo en el atrasado mundo rural y la "fábrica global" se nutre de obreros que ganan menos de 100 euros al mes por interminables jornadas laborales, este "milagro económico" es una realidad tangible para la mayoría del país. Por muy pobre que sea, hasta el más humilde campesino ha mejorado exponencialmente sus condiciones de vida en los últimos treinta años, ya que antes los chinos se las veían y se las deseaban para no pasar hambre.

En comparación con los otros países comunistas, China perdió en 1989 la batalla de la democracia, pero ganó la guerra de la economía y el desarrollo, lo que no deja de ser un triunfo sin paliativos para un pueblo eminementemente pragmático y regido por las enseñanzas de Confucio que ha vivido miles de años bajo el poder absoluto de los emperadores. El resto, desde el ingreso en la Organización Mundial del Comercio en 2001 hasta los Juegos Olímpicos de Pekín pasando por la devolución de Hong Kong o el lanzamiento de tres astronautas al espacio, es Historia.

FOTOS DEL DESFILE POR EL 60 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA POPULAR CHINA: XINHUA, AP, REUTERS, AFP

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6 Octubre 2009

Arriba y abajo

Arriba y abajo. Así se pasa todo el día la señora Feng Xiuying, quien trabaja como ascensorista en un bloque de 24 plantas cerca del metro de Gucheng, a una hora al oeste del centro de Pekín que marcan la emblemática plaza de Tiananmen y la Ciudad Prohibida. "Tengo turnos de día de seis horas y otro nocturno de doce horas, de ocho de la tarde a ocho de la mañana", explica risueña en su ascensor, un estrecho y asfixiante cajón de latón de la marca suiza Schindler donde apenas caben estrujadas las trece personas que suman los mil kilos de su capacidad de carga. Claro que en China, el país más populoso del mundo con 1.300 millones de habitantes, están acostumbrados a las multitudes y, además, son más delgaditos que en Occidente, por lo que casi siempre se cuela alguien más.

Desde 2003, la señora Feng Xiuying mantiene viva la tradición de las ascensoristas no sólo en China, sino en el resto del mundo, donde han ido desapareciendo a medida que la tecnología facilitaba la ardua tarea de pulsar un botón y las distintas crisis económicas de las últimas décadas hacían prescindibles este tipo de trabajos.

"Antes compaginaba este empleo a tiempo parcial con mi puesto como revisora de autobús, pero me jubilé el año pasado y ahora me dedico de lleno al ascensor", cuenta esta regordeta mujer, que tiene ya 51 años. A pesar de su edad, no tiene inconveniente en pasar noches enteras en el elevador. De hecho, los turnos nocturnos no le disgustan porque, según indica, "aquí sólo viven familias de bien y casi nadie viene a casa después de la medianoche, por lo que así puedo echar alguna cabezadita de vez en cuando".

De todas maneras, la señora Feng Xiuying prefiere las "horas punta" de la mañana y la tarde, cuando los vecinos del bloque van al trabajo o vuelven de sus oficinas. En esta destartalada colmena de viviendas habitan ocho familias por planta, lo que suma un total de más de 500 personas, cuya vida se conoce al dedillo la afable ascensorista.

"Lo sé todo de ellos; no sólo en qué planta viven, sino dónde trabajan, qué coche tienen o se quieren comprar, a qué supermercado van, en qué colegio estudian sus hijos y hasta las notas que sacan", cotorrea la mujer, quien sin embargo insiste en que su discreción le impide desvelar "detalles personales de la vida de los vecinos".

Pero, en cuanto se sube alguien y le pregunta sorprendido qué hace allí un "laowai" (extranjero), la señora Feng Xiuying no tarda en ponerle al corriente. Susurrando como si fuera un secreto, chismorrea que se trata de un periodista español que sólo está de paso por el edificio, donde únicamente viven familias chinas.

Arriba y abajo, el claustrofóbico y viejo ascensor, que lleva ya nueve años en funcionamiento, parece que se va a desmontar en su lento trayecto de una planta a otra. Bajo dos tubos fluorescentes que parpadean de forma intermitente, de sus oxidadas paredes de latón cuelgan varios carteles medio despegados, entre ellos el sempiterno aviso de la Policía para que los extranjeros residentes registren su domicilio en la comisaría más cercana. Al fondo, un extintor y una fregona se apoyan contra la pared mientras un ruidoso ventilador bate sus hélices. "Ya no me mareo de tanto subir y bajar, pero el problema es que estoy encerrada aquí dentro todo el día y hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno", se queja la ascensorista de sus gajes del oficio. Luego la puerta se cierra y la señora Feng Xiuying pulsa de nuevo los números de las plantas en el desvencijado panel para volver, una vez más, arriba y abajo.

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29 Septiembre 2009

Jugando con "kalashnikov" en Birmania

Cuando llega la Navidad en los países occidentales, los padres compran a sus hijos pistolas y escopetas de plástico para que jueguen a policías y ladrones o a la guerra. En buena parte del noreste de Birmania, sobre todo en los estados Shan y Kachin, los niños no necesitan tales juguetes para divertirse "matándose" unos a otros pegando tiros en combates de mentira. Aquí los niños juegan a la guerra de verdad y con armas de fuego reales.

En el Estado Wa, fronterizo con China y controlado por una potente guerrilla de 20.000 hombres, el Ejército arrebata uno de sus hijos a los campesinos para unirlo a sus filas. En los desfiles militares y puestos de control de las carreteras hay menores un poco más altos que los "kalashnikov" que portan.

Es el precio que deben pagar por la miseria que atenaza a sus pueblos, que dependen casi exclusivamente del opio que puedan cultivar los campesinos porque las plantaciones de arroz sólo les dan para comer durante medio año.

Por ese motivo, los padres entregan encantados sus hijos al Ejército del Estado Wa Unido, ya que así se aseguran de que, al menos, podrán comer caliente un par de veces al día y luego cobrar un sueldo mensual de unos 7 euros.

Lo mismo ocurre con las niñas, muchas de los cuales son educadas en un colegio de la guerrilla. A cambio de recibir una instrucción escolar y militar y ser alimentadas, las muchachas no podrán volver a sus pueblos y deberán casarse con un soldado cuando concluyan sus estudios. En caso de que incumplan esta promesa o se queden embarazadas antes de terminar su formación, son enviadas durante cuatro años a campos de trabajos forzados donde los prisioneros, encadenados con grilletes como si fueran esclavos, pican piedra de sol a sol o se dedican a realizar obras públicas que luego resultan inútiles por la falta de ingenieros y tienen que volver a repetir.

En Birmania, la guerra es un juego de niños.

FOTOS: WANG YIZHONG

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24 Septiembre 2009

Pu Yi, el prisionero de la Ciudad Prohibida

Todo bajo el cielo. La máxima que rigió las todopoderosas dinastías chinas durante más de 2.000 años debía sonarle como una amarga broma del destino a Aisin Gioro Pu Yi, el último emperador que reinó desde su jaula dorada de la Ciudad Prohibida de Pekín. Coronado con sólo dos años en 1908, Pu Yi tuvo en su vida todo lo que un hombre puede soñar, menos lo más importante: la libertad.

Esa gran tragedia, visionaria metáfora de esta nueva China que cumple ahora 60 años disfrutando del progreso que ha traído la apertura al capitalismo de las tres últimas décadas, es la base argumental de "El último emperador", la monumental película dirigida en 1987 por Bernardo Bertolucci, que ABC ofrece este domingo a sus lectores.

Por primera vez, Pekín permitió a un cineasta extranjero rodar en la Ciudad Prohibida para plasmar la autobiografía del último monarca de la dinastía Qing, quien fue un prisionero toda su vida. Desde que, en mitad de la noche, los guardias de palacio lo separaron de su madre, la segunda princesa Chun, para ser designado sucesor por la emperatriz regente Cixi en su lecho de muerte, hasta su internamiento durante diez años por parte del régimen comunista en el campo de reeducación para criminales de guerra de Fushun, en la provincia de Liaoning.

Mientras su imperio se derrumbaba a manos de los "señores de la guerra" y las potencias occidentales, Pu Yi era un niño malcriado detrás de las murallas de la Ciudad Prohibida, cuyas arcas eran expoliadas por los mismos eunucos que se dejaban humillar infantilmente al venerarle como un dios viviente. Sin saber siquiera que había sido depuesto en 1912, allí siguió viviendo preso de la tradición y el pasado hasta que fue expulsado en 1924.

Casado a los 16 años con dos esposas, Pu Yi tenía al fin la oportunidad de disfrutar de la libertad al perder sus "privilegios". "Henry", como se hacía llamar entre el elitista círculo de extranjeros que frecuentaba en su retiro de la concesión japonesa de Tianjin, podía haber emigrado a Estados Unidos como el moderno "playboy" que simulaba ser en las fiestas de la alta sociedad.

Pero se ve que no siguió las enseñanzas de su admirado tutor, el escocés sir Reginald Johnston que interpreta magistralmente Peter O´Toole, y fue otra vez prisionero, en esta ocasión de sus propias ambiciones.

En 1932, y con el norte de China ocupado por las tropas niponas, Pu Yi fue nombrado regente de Manchukuo, un "Estado títere" controlado por Japón del que fue coronado emperador dos años después. Desde Manchuria pensaba reconquistar el trono de China, pero fue su última actuación como marioneta del poder. Utilizado por Tokio y odiado por los chinos, que no habían perdonado a los monarcas manchúes siglos de opresión feudal, se fue quedando solo e impotente hasta que el Ejército soviético lo capturó al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Tras declarar ante el Tribunal Internacional para crímenes de guerra de Tokio, donde cometió perjurio, y pasar cinco años en un "gulag" ruso, Stalin no hizo caso de sus cartas pidiendo clemencia y lo devolvió a la China de Mao en 1950. Reeducado al cabo de una nueva década sin libertad, el "señor Pu Yi" a secas, sin apellido ni título real, acabó sus días como un humilde jardinero ataviado con el característico "traje Mao".

Rehabilitado y manejado de nuevo por el régimen comunista, Pu Yi llegó a formar parte en 1964 de la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, un órgano que asesora al Parlamento, y pudo escribir su autobiografía. Cuando la "Revolución Cultural" (1966-76) amenazaba con ensañarse con uno de los principales símbolos de la vieja China feudal, un cáncer de rinón rescató en 1967 a Pu Yi de caer nuevamente prisionero. Sólo muerto pudo gozar de lo que nunca tuvo "bajo el cielo": la libertad.

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17 Septiembre 2009

Sin halitosis en el espacio

China, el tercer país del mundo capaz de poner un hombre en órbita tras Estados Unidos y Rusia, ya está preparando a su segunda generación de astronautas. Para ello, el Hospital Militar 454 de Nanjing, capital de la provincia de Jiangsu, ha sometido a un centenar de candidatos, la mayoría pilotos del Ejército del Aire de entre 27 y 34 años, a unas durísimas pruebas cuyos requisitos han sido difundidos estos días por los medios chinos. De ellos, han sido elegidos 30 y hombres y, por primera vez, 15 mujeres, que se disputarán las cinco plazas masculinas y las dos femeninas disponibles en las tres misiones espaciales previstas por el Gobierno chino para antes de 2012.

Los tres últimos astronautas chinos, que protagonizaron la tercera misión tripulada del país, saludan tras su exitoso paseo espacial del año pasado

Estos "elegidos para la gloria" no podrán tener ni cicatrices en el cuerpo, ni caries en los dientes, ni antecedentes de enfermedades serias en las tres últimas generaciones de su familia. Todo con tal de que los "taikonautas", como se denomina a los cosmonautas en mandarín, sean auténticos superhombres – o supermujeres – capaces de conquistar el espacio.

"Estos requisitos tan rigurosos sólo pretenden asegurar que los astronautas podrán aguantar las duras condiciones de gravedad cero", explicó al periódico "China Daily" Shi Binbin, uno de los responsables del hospital, quien justificó el veto a las cicatrices porque "pueden abrirse y sangrar cuando la nave está despegando".

Pero no se quedan ahí las condiciones que la Agencia Espacial china impone a sus aspirantes, que no sólo deberán contar con una fortaleza física excepcional y disponer de los conocimientos de experimentados ingenieros, sino que además habrán de cumplir otros requisitos más particulares.

Por ejemplo, el primero de ellos es que no sufran halitosis, ya que, a juicio de Shi Binbin, "el mal aliento podría afectar a otros compañeros en un lugar estrecho como la cápsula espacial". También serán rechazados aquéllos que tengan una nariz demasiado propensa a los estornudos o la mucosidad, quienes padezcan algún tipo de alergia y, por supuesto, los que sientan mareos en las alturas o claustrofobia en espacios cerrados.

"Los candidatos que superen todas las pruebas y cumplan las cien condiciones exigidas para ser astronautas pueden ser llamados realmente superhombres", se congratuló el responsable del Hospital 454 del Ejército Popular de Liberación, uno de los cinco centros médicos de China donde se ha llevado a cabo la segunda fase de este exhaustivo proceso de selección.

Superhombres o supermujeres, porque la intención del régimen de Pekín es enviar también a las estrellas a una fémina, tal y como anunció recientemente Yang Liwei, el primer astronauta chino de la historia y hoy subdirector de la Institución de Ingeniería Médica Aeroespacial.

El 15 de octubre de 2003, el coloso oriental lanzó al espacio al comandante Yang Liwei, y, justo dos años después, repitió la gesta con otros dos hombres más. Desde entonces, el programa espacial chino se ha convertido en una cuestión de Estado para el régimen de Pekín, que invierte cada año más de 15.000 millones de euros.

En septiembre del año pasado, Zhai Zhigang se convirtió en el primer chino en dar un paseo por las estrellas al salir de la nave y desplegar una pequeña bandera nacional en el espacio mientras su compañero, Liu Boming, se asomaba brevemente por la escotilla.

Tras las tres misiones con astronautas a bordo de las naves Shenzhou y su primer paseo espacial, China se ha marcado como objetivo para 2012 posar sobre la superficie lunar un vehículo no tripulado. Tres años después, otra expedición se encargaría de recoger muestras y, finalmente, el primer cosmonauta chino pisaría la Luna en 2017. Todo ello, por supuesto, con el permiso de EE.UU. y Rusia, pero también de Japón y la India, que se han sumado a esta carrera espacial con sus satélites lunares Kaguya y Chandrayaan-1.

Además de lanzar a finales de 2007 el satélite orbital Chang´e-1 alrededor de la Luna, los científicos chinos están desarrollando una nueva generación de cohetes Larga Marcha 5, capaces de transportar hasta 25 toneladas de materiales para ensamblar una estación espacial o una base lunar. Dos proyectos que exigirán nuevos paseos espaciales, probados ya con éxito por China en su nuevo afán como superpotencia por dominar las estrellas.

Sin halitosis y sin caries, los "elegidos para la gloria" chinos ya se preparan para conquistar el cosmos.

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9 Septiembre 2009

Tertulia literaria con Sánchez Dragó en el Cervantes de Pekín

Aprovechando la celebración de la Feria del Libro de Pekín y la participación de España como invitado de honor, que ha traído a la capital china a una veintena de escritores nacionales, Fernando Sánchez Dragó “improvisó” en la sala de exposiciones del Instituto Cervantes la grabación de uno de sus programas culturales de televisión, "Las noches blancas", que se emite en Telemadrid.

A este coloquio literario asistieron, además del propio Dragó como presentador, Jesús Ferrero, JJ Armas Marcelo, Paula Izquierdo, Alfredo Conde y Antonio Hernández. Todos ellos, que han formado parte del desembarco de las letras españolas en la ya clausarada Feria del Libro de Pekín, debatieron sobre sus últimas obras y próximos proyectos e intercambiaron sus impresiones sobre su presencia en la capital china en un ameno e interesante debate en el que brillaron la ironía, la inteligencia y el fino sentido del humor. Algo que no se suele prodigar en la televisión española, pero que Sánchez Dragó sigue cultivando en uno de los pocos programas que se pueden ver hoy día en nuestro país. Y es que la "improvisación" no está reñida con la calidad cuando se cuenta con la materia prima, o más bien gris, adecuada.

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Sobre mí

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Pablo M. Díez

Nací en 1974 en Córdoba, donde empecé a trabajar para la edición local de ABC en septiembre de 2000. Desde enero de 2005, soy el corresponsal del periódico en China y, por extensión, en Asia, por donde viajo frecuentemente. Esta es mi parte favorita del planeta tanto desde un punto de vista personal como por las posibilidades profesionales que ofrece. El mundo está virando hacia Oriente gracias a la emergencia de gigantescos países como China o la India, pero tampoco podemos olvidar que, en conjunto, este continente es el que más está creciendo del globo y el que está experimentando mayores y más rápidos cambios. Asia combina grandes potencias económicas y tecnológicas como Japón, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong o Taiwán con naciones en vías de desarrollo como Vietnam o Indonesia, así como paraísos terrenales del calibre de Tailandia o el Tíbet y el último Estado comunista del mundo, Corea del Norte. Descubrir todos estos lugares es vital para entender cómo evolucionará la Tierra en este siglo XXI y los complicados retos a los que deberá enfrentarse la Humanidad, como la superpoblación, la contaminación y la lucha por los escasos recursos naturales.